Poliomielitis  Es una enfermedad contagiosa, también llamada parálisis infantil, afecta principalmente al sistema nervioso.

La enfermedad la produce el virus poliovirus. Se llama infantil porque las personas que contraen la enfermedad son especialmente los niños entre cinco y diez años.

Se dispersa de persona a persona a través de secreciones respiratorias o por la ruta fecal oral.

La mayoría de las infecciones de polio son asintomáticas.

Solo en el 1 % de casos, el virus entra al sistema nervioso central (SNC) vía la corriente sanguínea.

Dentro del SNC, el poliovirus preferencialmente infecta y destruye las neuronas motoras.

Esa destrucción de neuronas causa debilidad muscular y parálisis aguda flácida.

El poliovirus es más probable que ocurra en niños de 4 a 15 años en climas templados, en verano cálido e invierno un poco frío, es una enfermedad muy infecciosa, pero se combate con la vacunación.

La enfermedad afecta al sistema nervioso central.

En su forma aguda causa inflamación en las neuronas motoras de la médula espinal y del cerebro y lleva a la parálisis, atrofia muscular y muy a menudo deformidad.

En el peor de los casos puede causar parálisis permanente o la muerte al paralizarse el diafragma.

El término poliomielitis se refiere para identificar la enfermedad causada por cualquiera de los tres serotipos de poliovirus.

Se suelen describir dos patrones de infección de la polio: una enfermedad leve que no se asocia con el sistema nervioso central (SNC), a veces llamado la poliomielitis abortiva, y una forma que se asocia con una enfermedad grave del SNC, que pueden ser o no-paralítica.

En la mayoría de las personas con un sistema inmune normal, una infección por poliovirus resulta ser asintomática.

Ocasionalmente la infección produce síntomas menores, que pueden incluir infección del tracto respiratorio superior (dolor de garganta y fiebre), trastornos gastrointestinales (náuseas, vómitos, dolor abdominal, estreñimiento o, rara vez, diarrea), catarro y enfermedades similares.

El virus entra en el sistema nervioso central en torno al 3% de las infecciones. La mayoría de los pacientes con toque del SNC no paralítico desarrollan una meningitis aséptica, con síntomas de dolor de cabeza, cuello, espalda, dolor abdominal y extremidades, fiebre, vómitos, letargo e irritabilidad

Aproximadamente 1 de cada 200 a 1 de cada 1000 casos, la enfermedad progresa a la forma paralítica, en la que los músculos se debilitan, se tornan hipotónicos y con movimientos mal controlados y, por último, completamente paralizados, condición que se conoce como la parálisis fláccida aguda.

Según el sitio de la parálisis, la poliomielitis paralítica se clasifica como espinal, bulbar, o bulbospinal. La encefalitis, una infección del tejido cerebral en sí, se puede producir en raras ocasiones y generalmente se limita a los niños. Se caracteriza por la confusión, cambios en el estado mental, dolores de cabeza, fiebre, convulsiones y con menos frecuencia la parálisis espástica.

 

Transmisión La poliomielitis es altamente contagiosa y se propaga fácilmente de persona a persona.

En las zonas endémicas, el poliovirus salvaje es capaz de infectar prácticamente a toda la población humana.

La poliomielitis es una enfermedad estacional en los climas templados, con el pico de transmisión produciéndose en verano y otoño.

Estas diferencias estacionales son mucho menos pronunciadas en las zonas tropicales.

El tiempo entre la primera exposición y la aparición de los primeros síntomas, conocido como el período de incubación, es normalmente entre 6 a 20 días, con una separación máxima de 3 a 35 días.

Las partículas del virus se excretan en las heces durante varias semanas tras la infección inicial.

La enfermedad se transmite principalmente a través de la ruta fecal-oral, por ingestión de alimentos o agua contaminada.

A veces es transmitida a través de la ruta oral-oral, un modo especialmente visible en zonas con buen saneamiento e higiene.

El virus es más infeccioso entre los días 7-10 previos a y 7-10 días seguidos de la aparición de los síntomas, pero la transmisión es posible siempre y cuando el virus permanece en la saliva o las heces.

Los factores que aumentan el riesgo de infección por poliomielitis o que afectan la gravedad de la enfermedad incluyen la

  • deficiencia inmune,
  • la desnutrición,
  • la amigdalectomía,
  • la actividad física inmediatamente después del inicio de la parálisis,
  • lesiones al músculo esquelético debido a la inyección de las vacunas o agentes terapéuticos, y el
  • embarazo.

A pesar de que el virus puede atravesar la placenta durante el embarazo, el feto no parece ser afectado por una infección materna o de la vacunación de la madre contra la poliomielitis.

 Además, los anticuerpos maternos atraviesan la placenta, proporcionando una inmunidad pasiva que protege al bebé de la infección de poliomielitis durante los primeros meses de vida